Sunday, October 5, 2008

CONCLUSIONES SOBRE LA SEGURIDAD



La semana no ha estado exenta de aprendizajes y reflexiones sobre la seguridad. ¿Qué significa para mí la seguridad? ¿Cómo se manifiesta en mí? ¿Cómo me la siento yo y como esta afecta a los demás?. La seguridad en mi tiene dos caras, como la vivo dentro, y como la proyecto fuera, y de la misma forma tiene cuatro consecuencias, como la siento yo desde mi interior y como esa seguridad interior influye en mi entorno. Y también está mi seguridad externa, cómo me apego yo a esa imagen de seguridad y el efecto que esta seguridad tiene en mi entorno.

Empecemos por la seguridad superficial. Esta ha sido y es uno de mis puntos débiles, que define el carácter tres y su naturaleza. El carácter de la vanidad sabe proyectar siempre una imagen de control, seguridad, confianza, experiencia. De ahí que sea un carácter eminentemente vendedor. Envuelto en un positivismo muy consistente y grueso, el tres no deja ver que hay por dentro. Aunque exista la duda, el miedo, la inseguridad, el vanidoso siempre va a mostrar una cara muy distinta. Si me pongo a pensar en mi mismo me doy cuenta de que yo mismo dudaba de que pudiera transmitir ese tipo de seguridad puesto que habían partes de mi expresión (el tic nervioso de mi barbilla) que delataban el nerviosismo, la excitación, la duda, la frustración y contención. Sin embargo sería subjetivo afirmar que no he sabido transmitir esa seguridad, pues esa es un parte innata de mi personalidad. Me he visto a mi mismo muchas veces engordando mi currículum para impresionar, asegurando de mi mismo unas cualidades que no tenía aún, con el único objetivo de transmitir seguridad.

Este es el aspecto neurótico de mi carácter, esa parte que independientemente de lo que ocurra dentro reacciona de manera automática para enviar el mensaje exterior “estoy seguro de lo que hago”. Esa seguridad exterior, o superficial, al ser en si misma, desconectada, subjetiva y un tanto exhibicionista puede generar reacciones también dispares. El efecto que tiene en mi es el de una autonegación de lo que en realidad sucede dentro, el efecto que tiene fuera puede ser de tanto de satisfacción como de disgusto. Especialmente de aquellos que no poseen esa seguridad interna. Esta semana me he encontrado lidiando con problemas de esta naturaleza. Personas cercanas a mi me han reprochado mi falta de consideración hacia ellos. Casi como si esa seguridad la vivieran como soberbia, arrogancia disfrazada de modestia que hace daño a otros. Ha sido mi tarea digerir que esto es así, y que en cierta ocasión en mi ansia por mostrar(me), mi talentos, mis descubrimientos, mis sueños, mi activa búsqueda de mi mismo pueda estar ausente de compasión, comprensión.

Pasión significa sufrimiento (recordemos la pasión de Cristo), una persona compasiva, es aquella que acompaña en el sufrimiento del otro. Tomando como base esa idea, quise verla como era en mi mismo antes de aplicarla a los de fuera. Pude observar entonces algo muy curioso. En mi forma de ser, ha existido poca compasión hacia mi mismo. Es decir, yo de naturaleza soñadora, emprendedor y positivo, he llevado el control de mi vida desde el perro de arriba (el de la exigencia y el tengo que….debo…) En los momentos de debilidad, la voz que más fuerte hablaba era la del “vamos, arriba…no nos podemos quedar aquí lamentándonos” Incluso en los difíciles momentos que pasé en Murcia después de mi experiencia en Inglaterra, había algo dentro de mi que se resistía a pasar por una depresión, a admitir que estábamos entrando en una crisis de grandes magnitudes. El perro de arriba, tiraba de mi parte herida, dolida y la arrastraba hacia la luz. Si hay que meditar a meditar, si hay que hacer deporte a hacer deporte…vamos a hacer lo que sea necesario para salir de este pozo, ahora y ya.

Eso mismo es lo que tantos conflictos me ha causado con amigos míos. Yo en m afán por ayudarles, les he hablado directo, duro, conciso. En mi intención de ayudarles, como a mi me ayudó el hablarme de esa manera intento despertarlos del letargo decirles que si ellos no reaccionan nadie lo va a hacer. A darle soluciones mágicas (es decir todo lo que a mi me ha funcionado). Proyectar mi propia biografía y recetarles las mismas lentes con las que yo veo el mundo. Pero desafortunadamente en cada ocasión que he actuado así me he encontrado con una persona dolida, con un amigo enfadado. Igual que yo me sentía conmigo mismo cuando me forzaba a salir del pozo al precio que fuera.

Así que vi el foco, la enfermedad, el dolor que producía a los otros y a mi mismo ese tipo de seguridad. Es esa una seguridad subjetiva, autómata, y lo peor, es una seguridad desprovista de compasión. Miré entonces como es la seguridad dentro de mi, como la vivo, como la siento.

A lo largo de esta semana, la seguridad y la paz que estaban experimentando, se han evaporado precisamente como consecuencia de exhibir demasiada seguridad (casi al borde de la arrogancia). Conflictos vitales con amigos de importancia, han hecho que mis cimientos internos se tambaleasen. Entonces, observé cuales son las cosas que restauran de manera sana mi seguridad interna. Mi trabajo fue la primera. Cuando más agitado y alborotado me hallaba, pude ver como centrarme el lo que hacía, ponerle toda mi atención, dedicación y cariño tornó todo mi panorama interior. La respiración volvió a su lugar, los pensamientos se serenaron, la ansiedad se diluyó. El trabajo, no como tirita o tapadera de lo que hay debajo, sino el trabajo como certeza de estar haciendo, de estar cumpliendo con un propósito vital. Esa sensación de estar cada día haciendo algo por cumplir mi misión en esta vida me llena de paz, de luz y de seguridad. Y a lo largo de estos días he podido ver eso en mis clases y como esa seguridad interior se manifiesta en forma de aprecio, cariño, comprensión y compasión hacia mis estudiantes. El deporte también me ayuda a sentirme sólido, seguro, conectado. Y la meditación y el culto a Dios son la última parte del puzle. Esa parte me mantiene conectado a mi esencia, a lo que realmente soy, a qué he venido a hacer, a donde me dirijo, y a como me siento en cada momento.

Esa seguridad interior es la única que es verdad. La seguridad exterior, no es solo ilusoria, sino dañina, invasiva, subjetiva y desconectada. La seguridad interior es la única que es auténtica y desde ahí se puede proyectar una seguridad mucho más serena, auténtica y compasiva. De todas las afirmaciones que he elegido a lo largo de la semana me quedo con la de ayer que decía “La seguridad reside en el interior de mi ser”. Y la imagen que asocio cuando peinso en seguridad es una montaña. Por esta razón he puesto la foto.

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