El contacto es algo muy rico y necesario. Cuando nos tocamos, biológicamente se produce una reacción química en nuestro cuerpo que nos hace sentirnos bien. La percepción de nosotros y el mundo está delimitada por nuestros límites, que se encuentran en nuestra piel. Nuestra piel es el acceso hacia el mundo interno de las sensaciones. Cuando alguien nos toca, de alguna manera está entrando en nuestro campo interno. Estamos sintiendo, percibiendo a esa persona, y eso a su vez provoca una reacción química que desemboca en placer, en calor. De ese calor deriba la ´sensación de compañía, de afecto, de cercanía y amor.
Una persona sana necesita experimentar el contacto, no sólo con su pareja sino con todo el entorno que le rodea de amigos, familiares, objetos, naturaleza, elementos como el aire o el agua, la tierra y también del contacto con uno mismo.
EL contacto puede tener dos vertientes: una positiva y otra no tan positiva. EN la primera se produce un aumento de la conciencia del entorno circundante. Uno aprende a experimentar por otra via que no sea la percepción visual o auditiva u olfativa. El tacto, más que ningún otro sentido está vinculado a lo emocional ya que lo visual es más intelectual, lo auditivo es más intuitivo y lo gustativo es más sexual. El tacto, el contacto, de esta manera se convierte en el vehículo de instrospección más adecuado de la realidad de uno mismo. Cuando uno tiene muy claro donde está situado y donde están los otros (el mundo) y desde esa clara distinción establece el contacto con lo externo, ese contacto es un contacto sano, que sólo va a traer aprendizaje y conocimiento, placer y sensaciones.
Por otro lado el contacto puede llevarle a uno a perderse. Cuando se difuminan los límites de quien es uno y quien es el de fuera el contacto se convierte en fusión, o más que fusión, confusión. Uno termina sintiendo lo que el otro siente, queriendo lo que el otro quiere y perdiéndose en la necesidad compulsiva de un contacto que se vuelve cada vez menos sensible. Cuando uno deja de tener claro quien soy yo, la piel deja de ser una frontera natural y se confunde con el entorno y de alguna manera se insensibiliza. EL contacto se vuelve imperceptible porque uno no sabe donde termina lo de fuera y donde empieza su cuerpo.
Esto se traduce en relaciones que entran en monotonía. Han dejado de ser ellos mismos, por tanto han dejado de experimentarse desde la individualidad. Cuando dos entran en contacto desde la individualidad se produce la sinergia, el contacto consciente, es decir a la luz de la consciencia. Cuando dos mecanizan el contacto y dejan de ser quienes eran el contacto se vuelve insensible, autómata, imperceptible, monótono.
Por eso esta semana me ha traído muchas enseñanzas a cerca del contacto, pero la más importante es que el contacto es necesario, es hermoso, es real. Pero no deja de ser una forma de experimentar el exterior. El interior nunca puede quedar descuidado. Nosotros debemos de seguir teniendo muy claro quienes somos nosotros y cual es el entorno que nos contacta.
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