
parece que centrarme en un aspecto cada semana me abre a experimentar lo que sea que me pasa a traves del prisma de ese centro. Esta semana pasada trabajé con la sensación. El Buddha se dio cuenta en su meditación de la cadena de sufrimiento. Primero estaba la percepción, el contacto, luego la sensación y finalmente la reacción. El Buddah advertía que lo que nos encadena al sufrimiento es la reacción. Si sólo pudieramos sopesar nuestras reacciones y no dejar que nos condujeran al sufrimiento y sacarnos de nuestro centro de paz.
Pero esto no resulta tan fácil. Jesús decía "si te golpean pon la otra mejilla" no como un signo de debilidad sino de fortaleza. Es fuerte el que templa sus reacciones, el que domina su mente, y tiene control sobre su propia ira. Sin embargo como decía el paso entre la sensación y la reacción es demasiado grande como para dejarle toda la responsabilidad a la reacción. Este proceso se tiene que empezar ya en la percepción. Y ¿Cómo se puede aminorar la percepción, para que el contacto, la sensación y por último la reacción sean más aquilibradas?. Primero hay que percibir las cosas con objetividad. Cuando vemos las cosas de manera desenfocada, es decir con implicaciones emocionales, le estamos dando una connotación subjetiva. Observa, y percibe con objetividad, si juicios, sin palabras. Aprende a no poner etiquetas a lo que ves, oyes o tocas. de esa manera el contacto también está libre de prejuicios, y se convierte en un contacto sereno y puro. El contacto no tiene por que tener connotaciones sexuales. El contacto es la capacidad de experimentar los límites corpóreos de uno cuando se encuentra con los límites físicos de otro. Puede ser otro cuerpo, o una planta, o un árbol, un animal o un elemento, como el agua, el viento. El contacto produce una sensación que nosotros tendemos a clasificar como agradable o desagradable. Puesto que todos nuestros pensamientos son un deseo o un recuerdo, todo lo que filtramos como deseo se convierte en agradable y lo que filtramos como recuerdo temrina siendo desagradable. Por que incluso los recuerdos agradables se traasnforman en deseos y buscamos la forma de revivirlos.
De esa manera el proceso llega a una sensación sin etiquetas, sin juicios. Es una sensación equánime, serena, consciente. Habiendo trabajado este tipo de sensación, entonces es cunado uno puede manifestar una reacción verdaderamente equánime, no antes. Un oyente de las enseñanzas del Buddah acudió iracundo a reprochar al maestro sus enseñanzas. Muchos no podían entender lo que quería decir y para los monjes suponía una ofensa para todo lo qeu ellos habían creído toda su vida. Este hombre le habló con ira y le escupió en la cara. Un monje seguidor del Buddah quiso reprenderle, a lo que el Buddah serenamente le paro y le dijo "no te he pedido ayuda" entonces se limpió la cara y le dijo a su disciplulo "mira el rostro de este hombre, es un rostro lleno de ira, de sufrimiento ?cómo podría yo añadir más sufrimiento a su dolor? Siente tanto dolor que no sabe como manifestarlo, sólo compasión por él siento" y diciendo esto se retiró. Aquel hombre no pudo dormir en toda la noche. A la mañana siguiente buscó al Buddah y se arrojó a sus pies besándolos y pidiendole perdón. "Mira amigo, le dijo de nuevo a su discipulo, el mismo hombre está ahora lleno de amor, y siente tanto amor, que no sabe como expresarlo. A mi me pasa lo mismo y las palabras a veces no me ayudan a expresar todo el amor que tengo"
Con esta anecdota quiero decir que el hombre que agredió al Buddah era víctima de su forma de ver las cosas. Su visión no podía ser desafiada, pues al entrar en cotnacto con las palabras del Buddah las percibió como una amenza yeso alteró su estado interior, desatando la ira. Pero el contacto sereno y amoroso de sus actos tornó su estado y sensación fue la del interior mismo del Buddah. Y aquel amor luchó en la conciencia del hombre hasta que se desbordó en una forma inmanifestable.
Durante la semana he tenido la ocasión de ver como mis sensaciones me han llevado a vivir los extremos, extremo desaliento, abatimiento y extrema alegría y gozo. Esos vaivenes no hacen más que desgastarnos. Nos convertimos en víctimas de los eventos. Si son buenos, todo va bien, si son malos estamos perdidos. El secreto está en aprender a vivir en la equánime visión, en contacto cconsciente, en la serena percepción y por ende en la acción pacífica.